A otro perro con ése hueso, si me es permitida ésa expresión.

En bienes otorgados por la naturaleza, nuestro dilatado territorio es uno de los mejor dotados, dicho sea sin intención segunda. México no es un país pobre.

Es, sí, un país de pobres.

En piso de metal vivimos al día, de milagro, como la lotería.

Tampoco es cierto que ésa pobreza tenga su origen en la pereza de los mexicanos, según viejo cliché que nos dibuja sentados en el suelo, recargados en un cactus, cubiertos con sarape y con sombrero para dormir una siesta que no acaba.

¿Flojo el mexicano? ¿Harón, poltrón, roncero, ocioso, haragán, pigre, tumbón, panarra, zángano, holgazán?

Eso no es cierto.
¿Por qué entonces cuando sale de México y va a otro país el mexicano se vuelve laborioso?.

Se me dirá entonces que hay algo en el aire que se respira en México, o en el agua, que induce a la molicie y la flojera. Ningún estudio científico serio hay que avale tal hipótesis.

¿Por qué somos entonces un país de pobres?

Aventuro mi propia teoría: porque desde hace muchos años el Gobierno ha limitado la acción de los particulares.

En nombre de abstrusas tesis de redención social los privó de su libertad individual y los sometió a una especie de tutela paternalista que hizo de vastos sectores de la población -obreros, campesinos- un cúmulo de menores de edad o incapacitados. Ese paternalismo clientelar hizo olvidar una doctrina simple: la principal riqueza de un país es el trabajo de sus habitantes.

De aquel estatismo surgieron grandes males cuyos efectos aún siguen. El ejido en el campo y el sindicalismo corporativista en las ciudades fueron al mismo tiempo fuente de corrupción y de falta de productividad.

No dejo de reconocer, por supuesto, que mi explicación es simplista, pero en el fondo también la Teoría de la Relatividad lo es, y hay quienes ponen su nombre con mayúsculas.

Vuelva el Estado a su función subsidiaria original; fínquense condiciones para que los ciudadanos puedan trabajar y gozar de los frutos de su esfuerzo; elimínense los viciosos monopolios -públicos y privados- que en muchos campos de la actividad sufrimos, y ya se verá cómo en la libertad y sin las ataduras de un sistema estatista caduco y obsoleto los mexicanos logramos aquí lo que en otras partes conseguimos: ser mejores...